Al soy de hoy dudo que haya alguien que no conozca la frase “en el mar la vida es más sabrosa”. Es allí donde muchos llegan a despejar la mente de cualquier situación del diario vivir, donde los más osados navegan las aguas, ya sea en busca de aventuras o por cualquier otro motivo que los lleve a hacerlo. Las vivencias que deja el mar pueden ser maravillosamente únicas.

¿Pero qué pasa cuando vas con la mejor disponibilidad de pasarla bien y terminas odiando la experiencia? Eso fue lo que viví en San Juan del Sur, Nicaragua, esa tarde de mayo de 2010. He tenido dos años para poder contar lo sucedido, pero ahora lo veo más como un hecho cómico así que les dejo mi anécdota de aquel día.

Empecé el día (como muchos días de mi viaje por Centroamérica) comprando mi desayuno en el mercado local, para luego buscar que hacer durante el día. Después de haber desayunado, fui al hostal a hablar con alguno de los huéspedes a ver qué planes tenían en mente.

Allí me enteré que había un grupo que estaba juntándose para ir por la tarde a un recorrido en velero a unas playas escondidas cercanas a San Juan del Sur. Más que entusiasmado, les comenté mi interés de incluirme en el grupo con la esperanza de pasar una tarde agradable.

A modo de paréntesis y por si les interesa conocer precios: el grupo de nosotros pagó $30 cada uno, y tuvimos cervezas y refrigerios incluidos. Por ese precio, el recorrido en velero dura de 4 a 5 horas. Ese precio es posible hallarlo si tomas el tour con los hostales del área, que son quienes tienen el precio más bajo para esta actividad. Todo esto siempre y cuando vayas con un grupo de 7 personas o más.

Continuando con la historia, pasé el resto de la mañana y parte del mediodía en la playa. Llegó la hora de almorzar y opté por comer arroz con pollo y lentejas (error #1). Me devolví al hostal a encontrarme con el grupo y luego de 15 minutos parloteando, nos dirigimos al puerto de la ciudad listos para empezar el tour.

Puerto de San Juan del Sur

Al abordar el velero, la mayoría fue por su cerveza y yo, dejándome llevar por la presión de grupo del momento, fui por la mía (error #2). Partimos hacia mar abierto para conocer una playa escondida a distancia de hora y media, que al final ni pudimos bajarnos por el oleaje que hacía esa tarde.

Debo mencionar que a los 15 minutos de haber zarpado, me empezó el mareo producto de las olas. Con el pasar de los minutos, el malestar fue incrementando por lo que tuve que dejar de beber la cerveza, la cual fue la única de todo el recorrido.

El capitán decidió que lo mejor era no atracar en ninguna playa por el peligro de encallar con la cantidad de olas que había. Nos preguntó si estábamos de acuerdo en que lo mejor era regresarnos y dar un paseo por la bahía de San Juan del Sur, a lo que accedimos aunque por en mis adentros yo tenía más deseos de volver a tierra.

En un momento el capitán dijo que si alguien tenía ganas de vomitar, que lo hiciera, pero ya en ese momento había vomitado como dos veces. Todo mi almuerzo y lo que había bebido se fue por la borda.

Uno pensaría que se va a sentir mejor después de haber expulsado todo, pero la sensación de bienestar estaba lejos aún. En lo que nos devolvimos dos compañeras cayeron con el mismo malestar y vomitaban sin tregua, mientras yo trataba de tomar agua para no perder el conocimiento.

No puedo ocultar que me daba un poco de coraje ver a la mayoría del grupo en la proa bebiendo, tocando guitarra y cantando como si fueran inmunes al mareo que puede producir un fuerte oleaje. Aparte de mí, otras dos chicas estaban igual de mal que yo.

El capitán me dijo que lo mío era por haber tomado la noche anterior, pero yo le respondí que ni una sola gota de alcohol tomé (lo cual es verdad).

Playas cercanas a San Juan del Sur

Para la última hora de paseo, el mareo se convirtió en un dolor de cabeza agudo, acompañado de la sensación de querer seguir vomitando aun cuando ya no había más nada que arrojar.

Fue una de las horas más estresantes que he vivido a lo largo de todos mis viajes, pero al menos no pasó a peor. Luego de un poco más de cuatro horas navegando, al fin llegamos a tierra y eso fue como tocar el cielo para mí.

A veces pienso que sucesos de este tipo son males necesarios para ganas más fortaleza y saber que tanto podemos resistir ante una actividad cualquiera. Al menos tengo claro que no sirvo para estar en altamar.

En tu caso, ¿Has pasado por una mala experiencia en el mar?

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1 Comment
  1. Zuleika 7 años ago

    Hola Osvaldo, soy nueva en tu blog. Lo encontré surfeando por la web tratando de encontrar viajeros panameños y es un placer saber que sí los hay. Pues no sólo tenemos en común que somos de Panamá sino que compartimos la pasión de viajar.
    Mi forma de viajar no es de a dedo o por avión, sino por el mar en un velero, y pues aunque estoy acostumbrada a vivir en un barco, conozco la horrible experiencia de vomitar y estar mareada jaja…es lo peor, porque no te permite disfrutar nada. Mi remedio es tomar una pastilla (especial para evitar el mal de mar) unas horas antes de zarpar y así poder desempeñar una mejor función durante la navegación. Existen diferentes tipos de pastillas y varios tips que pueden ayudar este mal. Saludos!

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