Todavía recuerdo cuando vi por primera vez la película Into The Wild, la cual despertó en gran manera ese deseo inmenso de viajar. Al mismo tiempo, pensé que la forma de aventurarse del protagonista de la cinta fue demasiado comprometedora como para imitar su hazaña.

En algún momento creí que jamás llegaría a toparme con alguien que viaje a lo “Christopher McCandless“, hasta que empecé a organizar la dinámica de #VamosDeViaje y conocí a Antonio de Historias de Nuestro Planeta un día que comenzó a participar. Aproveché un día para leer su blog y me sorprendí de como este español se aventura por el mundo, casi que al filo del peligro.

Sin más preámbulos, les dejo con la entrevista que le realicé a Antonio.

Cuéntame un poco sobre los primeros años de tu vida antes de que decidieras salir de viajes solo por primera vez.

Tuve una infancia bastante parecida a los que me rodeaban: Iba al colegio, al parque y hacía deporte. Pero también recuerdo cómo me encantaba leer, ver documentales, las películas de aventuras y jugar a colgarme cuerdas de los bolsillos y creerme por ello un explorador.

Siendo aún un puberto pasé un tiempo en un colegio en Gales, y otro en una granja en Irlanda. Cuando tuve edad para firmar un contrato, viví dos veranos en Inglaterra, desde donde aproveché para conocer algunas ciudades centroeuropeas. Los dos veranos sucesivos, con un billete de InterRail, alcancé con varios amigos Estambul en tren desde Italia o recorrí el Noreste de Europa.

A cada viajero en esta vida le llega la fiebre viajera de manera exponencial. ¿Cómo fue en tu caso?

Pasándome noches y noches despierto leyendo libros de historia, culturas, antropología, y sobretodo diarios de viajeros, tanto del pasado como contemporáneos. Empecé entonces a tomar enorme conciencia del enorme patrimonio, natural y sobretodo humano, que hay esparcido por la tierra. E irremediablemente me absorbieron deseos de conocer esos lugares y ser partícipe en primera persona de tan diversas manifestaciones culturales.

A 4,000 metros, cerca del origen del Ganges, que alcancé furtivamente

Tu forma de aventurarte es bastante particular si se le compara a la mayoría. ¿Qué lección importante te ha dejado viajar por el mundo como tal?

Que la gran mayoría de los miedos y barreras no existen más que dentro de nosotros. Que digan lo que digan los medios, la inmensa mayoría del globo es un lugar más que seguro, pues esta seguridad depende de las personas, y éstas suelen ser buenas en cualquier lugar. Las contadas excepciones a esta norma no son más que eso, excepciones.

Viajar me ha enseñado a no prejuzgar, a aprender a desaprender, eliminando la generalizada creencia de que podemos discernir sobre las personas por su aspecto o sin interaccionar con ellas. Y el propio viaje no ha parado de ponerme cientos de ejemplos para ello.

He leído algunas de tus historias y ciertamente suenan bastante arriesgadas. ¿No tienes miedo a morir por viajar en lugares inhóspitos?

Siempre existe cierto miedo, claro. Eso es inherente al ser humano. Pero no es nada que no se solucione siendo consciente de lo que se hace y teniendo precauciones. He de confesar que muchas veces el deseo de ir más allá y seguir conociendo me ha hecho olvidar todo esto.

La gran mayoría de las personas mueren en zonas llenas de gente, muchas veces a manos de otros humanos. Estos suelen ser los lugares peligrosos, mucho más que los inhóspitos.

Por otro lado, y por encima de todo ello, creo que prefiero morir haciendo lo que me gusta, que insatisfecho con una vida que no me llena. Supongo que todo consiste en aprender a conocerse, comprender la propia naturaleza de cada uno, y serse fiel, evitando caer en el propio engaño para evitar enfrentarse a los propios miedos.

Impresionante la oración de morir haciendo lo que te gusta, ¡estoy de acuerdo! Me gustaría que menciones las 3 historias de mayor riesgo de tus viajes y cómo escapaste con vida.

No sé si son las que más riesgo conllevan, pero se me vienen a la cabeza las siguientes:

En Srinagar, capital de la conflictiva y disputada cachemira India, crucé una avenida por un paso elevado. Al bajar por el otro lado, me esperaban tres soldados apuntándome a la cabeza con sus fusiles. Durante un instante incluso pensé que fuera una broma.

Hubo un par de minutos de tensión, pues además ninguno hablaba inglés, hasta que apareció un oficial que sí lo hacía. Tras comprobar que no portaba bombas para inmolarme ni arma alguna, acabé entre risas, tomando el té con ellos.

Otra vez, en los bosques que hacen de frontera entre Laos y China, encontré una plantación de opio. Llevaba varias horas andando y no me había cruzado con nadie en todo el día. Estaba sediento, así que entré en una choza que encontré a pedir agua. Eran los guardianes de la plantación, que mientras me ofrecieron de beber, seguían fumando la droga.

Minutos después se levantaron, amenazaron y alzaron unos enormes machetes. Escapé por la ventana de su cabaña, mientras me perseguían aún armados. Afortunadamente, la droga los mantenía dormidos y no tardé en adelantarme en la carrera.

Hace apenas año y medio, volvía de África sin saber que el continente negro me había hecho un regalo un tanto especial. Había contraído dos variantes de malaria a la vez. Ingresé en una habitación de cuidados especiales en un hospital. Perdí mucho peso, la vista, el oído, la capacidad de respirar. Ningún médico pensaba que lo contaría. Afortunadamente se equivocaron, y poco después, aún en los huesos, me fui a vivir a Turquía.

Con la Permeshga, fuerzas del orden del Kurdistan iraki

Habrá gente con ganas de aventarse al mundo así como lo haces tú. Dinos como te las ingenias para pagar lo menos que puedas en tu día a día viajero.

Practico autostop para moverme, y en mi día a día no paro de conocer personas. Muchas de ellas me invitan a alojarme en sus casas, chozas o barcos. Como siempre comida local, en mercados o puestos baratos, y nunca compro souvenirs ni nada que no me sea necesario.

Otras veces duermo al raso, en playas o parques. Quizá contando así a alguien le pueda sonar duro, pero sólo hay que amar lo que se hace para convertir algo en el mayor de los placeres.

Sin embargo, y pese a todo esto, mi principal motivación viajera es aprender, sobre el mundo en sí, las leyes que lo rigen, sus gentes, y por ende, sobre mí mismo. Mis particularidades viajeras no son más que el medio para ello, nunca el fin.

De los países que has tenido la oportunidad de conocer, ¿En cuál has visto la costumbre que más te ha impresionado de todas?

Nunca sé responder a preguntas de “el que más” o “el que menos”, porque no creo que nada en la vida sea comparable, menos aún tratándose de personas o viajes.

Por mencionar algunas, me llamaron la atención algunas zonas del desierto del Sahara, donde por herencia de los tiempos nómadas, sus habitantes se siguen saludando, siempre, con una retahíla de preguntas del tipo: “¿Qué tal estás? ¿Y tu familia? ¿Y tus hermanos? ¿Cómo van tus vecinos? ¿Y la gente de tu pueblo? ¿Y tus primos? ¿Tus hijos? ¿Tu trabajo sigue bien? ¿Y la salud? ¿Y la salud de tu familia? ¿Y la de tus hijos?…

En alguna zona de África del Oeste he visto como a algunos varones, al alcanzar la pubertad, se les corta el prepucio con cuchillos tras un ritual de juegos y danzas en las propias calles. Sé que en las mismas zonas (y en tantas más) se practica ablación de clítoris a mujeres, aunque nunca lo vi en persona ni espero hacerlo, pues me parece una enorme aberración.

En las junglas que separan Guinea de Senegal algunos habitantes me contaban, como hasta hace poco (apenas una generación), muchos de sus habitantes eran caníbales y se comían a sus enemigos una vez vencidos en guerras tribales.

Otra vez, en una cueva del alto Himalaya, observé a un anacoreta hindú extraerse parte del intestino a través del recto, siguiendo un rito de sanamiento descrito en los Veda.

Mimetizándome en los fabulosos interiores de las pagodas milenarias birmanas

Te has aventurado a regiones de Asia o África en donde no se habla el español, mucho menos el inglés. ¿Cómo manejas la comunicación con los locales, sobre todo cuando has llegado a lugares nada turísticos?

Siempre hay que aprender palabras prácticas en las lenguas locales de los lugares que se visitan: saludos, números y preguntas elementales. Cualquier persona aprecia escuchar un “gracias” o un “hola, ¿qué tal?” en su idioma, aunque no sepas decir más.

Además de esos idiomas, sé francés, italiano, y me defiendo a un nivel muy básico en alemán, árabe y turco. Cuando todo eso falla, no hay que olvidar que las sonrisas y el más que útil lenguaje de gestos no entienden de idiomas.

Es un hecho que has estado con poco dinero durante tus viajes. ¿Cómo te las has arreglado para regresarte de vuelta a España?

No entiendo el viaje como ir o volver a algún destino. Lo que me enriquece viajando suelen ser las personas, y las que conozco en cualquier punto del camino, por tanto, ida o vuelta tienen la misma importancia.

Cuando la cartera me dice que es momento de volver, simplemente procuro hacerlo por una ruta distinta a las que ya he usado, si no, siento que estoy retrocediendo. Eso sí, alguna vez me ha tocado volver íntegramente a dedo a España desde África.

Con un monje en su pagoda, cerca de la frontera China, Laos

¿Qué planes viajeros tienes pensado realizar en lo que va del 2013?

No quiero hablar demasiado todavía, pues no sé si los cumpliré este u otro año, pero tengo varios proyectos a zonas del mundo poco visitadas. No me atrae “la estrellita” de ser de los pocos en llegar a esos lugares, sino el aprender de sus gentes y su identidad cultural, que aún conservan relativamente intacta.

Para terminar la entrevista, ¿qué palabras de aliento le dirías a quienes desean viajar y lo ven como algo imposible?

Lao Tse decía algo así como “Un viaje de mil millas comienza con un primer paso”. Una vez dado ese primer paso, que se traduce en romper el miedo inicial, todo lo demás viene solo.

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6 Comments
  1. Patrícia Cuní 6 años ago

    Antonio es un valiente y admiro muchísimo su pasión por viajar de esa manera. Yo no se si sería capaz de hacer lo mismo y me pregunto si, a menudo, ser mujer es un handicap para viajar a según qué lugares…

    Muy buena entrevista, felicidades!

    • Author
      Osvaldo 6 años ago

      Saber si existe alguna mujer que viaje como Antonio… esa es una buena pregunta Patricía.

  2. Gracias por la publicación, definitivamente para muchos, viajar es un placer sin precedentes y un estilo de vida maravilloso, ya que siempre se está aprendiendo cada vez mas y más

  3. Verónica Marmolejo 6 años ago

    No cabe duda que cada quien tiene sus razones de ser como es y cada viajero tiene algo que lo a marcado e invitado a recorrer el mundo.

  4. seguro de viaje 6 años ago

    Realmente impresionante, cuanto coraje! quiero imaginar que viajas con algun tipo de seguro? 😀
    felicitaciones amigo°

  5. Galapagos 6 meses ago

    Que valiente, en tu sangre tienes la clase “viajero” excelente post.

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